lunes, 23 de febrero de 2009

Cronotransportadores


Perforación sigue bien, profundidad quinientos treinta y nueve metros, inyección sube siempre espesa con kerosén, aumento hubo muy poco. Se trata de un terreno que es casi imposible pasarlo de tan duro, garantimos que es kerosén de la mejor calidad, todo en buen estado. Beghin y Fuchs, 13/12/1907.

Una copia facsimilar de este telegrama se encuentra en el Museo del Petróleo de Comodoro. Hace ciento un años, Humberto Beghin y José Fuchs descubrían un líquido negro en el subsuelo de Comodoro Rivadavia que ponía al país en el mapa de los que tenían petróleo. Hace ciento un años, Beghin y Fuchs, en cierta manera silenciosa y limitada, nos independizaron. Ese papel hoy envejecido fundó tanta historia, tantas historias, el destino de tantas personas hoy idas, el relato de mi ciudad entera, parte del destino de un país…

No sé dónde esté el telegrama original, seguramente en algún archivo, y posiblemente acá en Buenos Aires, pero me gustaría verlo, tenerlo en la mano; son cosas que nos unen al pasado. O no, no es que nos unan al pasado, al pasado estamos unidos, nos guste o no, nos demos cuenta o no, lo elijamos o no. Es que son, no sé, como objetos que nos hacen tangible el pasado, eso, que lo ponen en tres dimensiones; son como puentes temporales que nos permiten asomar la cabeza y mirar a esos hombres de hace un siglo, de hace dos, de hace diez, de hace cuarenta, y reconocernos en ellos, y reconocerlos en nosotros.

La historia no es la historia sin sus objetos. Vemos esa caligrafía, esa cursiva elaborada y aun así tosca, vemos el papel sin renglones, la prosa seca, las faltas de ortografía (que a manera de tonto homenaje no transcribí), el nombre de kerosén, que le daban a lo que para nosotros siempre se llamó petróleo; vemos esa fecha del 13 de Diciembre que en ese momento fue casual pero que en Comodoro venimos festejando con bombos y platillos todos los años desde entonces como el Día del Petróleo.

Con ese papelito desvencijado y con apenas una sola foto de alguna perforación de la época ya sabemos el clima salvaje, las condiciones terribles, la tecnología precaria, la dureza, el rigor épico del trabajo. Con apenas esos dos objetos ya se nos acercan aquellos hombres ásperos de arrugas tempranas y manos callosas, aquellos hombres improbables que aún así, posando en un día de sol frente a la torre y totalmente negros y brillantes por lo que le quitaron a la tierra, parecen contentos, satisfechos, orgullosos. Y en ese momento, cuando los estamos mirando en esa imagen, ellos son los concretos y tridimensionales y vivos, y nosotros los fantasmas que los miran desde una ventana de papel.

...

Era un mediodía agobiante para estar en la catedral de Santa Cruz de la Sierra un Domingo de misa. Luego de esa primera y agotadora semana de trabajo en Andina, el feriado, el calor y la hora rogaban terminantemente por una cerveza, pero con Leo estábamos acompañando a Sandra que había ido, de puro católica, a estar en buenos términos con su dios. Leo y yo, a conocer por dentro esa construcción preciosa, antigua, que miraba a la plaza central llena de palmeras y sol y gente que te sonríe si le sonreís.

Adentro estaba mucho más umbroso y no recuerdo que hiciera tanto calor como afuera, en donde un sol imperdonable cayendo a plomo parecía serenamente determinado a no dejar a nadie vivo. La catedral era, en lo esencial, como tantas otras construcciones monumentales dedicadas al Hijo de Dios: tenía forma de cruz. La nave central, larga y repleta de feligreses, la que cruza (que después aprendí que se llama transepto), separando y enalteciendo al altar de más allá, con su cura de voz potente y cuidada, con su cura de voz tenor que llegaba hasta a los rincones de los rincones. Y miré a la gente, a las pinturas, sopesé su antigüedad en la oscuridad de su pátina; aprecié las dos columnas, una en cada costado de la nave central, con escaleras a sendos púlpitos en madera adosados a ellas y elevados un par de metros del piso, de manera de dar altura física y –sobre todo– moral a la garganta del cura para que su voz se rociara sobre todas las cabezas, para que su voz lloviera sobre todas las almas.

Terminada la misa, vi que en el transepto, a la derecha del altar, había una puerta que decía "Museo Catedralicio". Sucede que amo los museos, los de arte porque me gusta el arte, los de cosas antiguas porque, como venía diciendo, me gustan esos fantásticos objetos cronotransportadores. Así que convencí a Sandra y Leo de entrar un rato a mirar, y pagamos la módica entrada a una vieja muy cordial que finalmente fue nuestra guía.

Éramos los únicos visitantes. El museo, pequeño y en dos pisos, mostraba la gloria y riquezas desde el mil seiscientos y pico hasta aquel día. Ropa eclesial bordada con hilos de oro y plata, capas pluviales de telas pesadísimas y exquisitas, piezas de plata, algunas pequeñas y otras enormes y obscenamente macizas, antiguas pinturas de antiguos prelados, adornos, cálices, joyas. Yo preguntaba por todo, quería que la vieja me contara la historia de cada objeto, y la historia de cada historia.

Por suerte para mí, esta buena mujer, en vez de fastidiarse por mi curiosidad de martillo neumático, me dijo en un momento: "Venga por acá que le voy a mostrar algo que creo que le va a gustar. No está para el público, no se lo mostramos a nadie." Y nos guió a una salita muy pequeña, con anaqueles repletos hasta el techo de papeles, cuadernos y libros en apariencia viejos. Había un hombre en el medio del poco espacio que quedaba, mirando y haciendo algo sobre unas hojas que tenía en una mesita de madera que se parecía más a un estrado. La vieja me presentó, agarró una de las hojas de la mesita, y me la dio. Era un papel grueso, envejecido, con algunos agujeritos aquí y allá como si estuviera apolillado. "Es una cédula real, del tiempo del virreinato, el señor está catalogando y curando estos archivos" me dijo la vieja. "Ese que tiene en la mano está firmado por Carlos III" me dijo el hombre con una sonrisa. No recuerdo qué era lo que decía, alguna tediosa cuestión notarial creo, pero ahí abajo estaba la rúbrica de quien había sido el dueño del imperio en donde nunca se ponía el sol. Yo el Rey. Esa era la firma. No Carlos, o Carlos III, o Carlos de Borbón, tampoco un firulete, sino Yo el Rey. Yo. Quién más podía tener la suprema potestad de distinguirse de todo el resto no por el nombre sino diciendo simplemente Yo. Debe ser uso común de todos los reyes firmar así, pero yo no lo sabía. Me pareció maravillosa esa "Y" enorme y fileteada, envanecida, digna, real. Bendita vieja, le había caído en gracia y me hizo uno de los mejores regalos que he recibido. No el papel, claro, no el papel que todavía debe estar ahí en algún anaquel, sino la ocasión de agarrarlo, de tocar las mismas fibras que el soberano de un imperio había tocado, de ver las mismas letras, leer las mismas palabras para mí intrascendentes y acaso antes, para Yo el Rey, intrascendentes también. Ese papel era un puente, y yo estaba frente al monarca.

...

Hay unas palabras de un curioso Borges en Inglés,

I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts that living men
have honoured in marble: my father's father killed in the frontier
of Buenos Aires, two bullets through his lungs, bearded
and dead, wrapped by his soldiers in the hide of a cow; my
mother's grandfather -just twentyfour- heading a charge of
three hundred men in Peru, now ghosts on vanished horses.


Now ghosts on vanished horses. Esos desvanecidos caballos, ese muchacho, sable en ristre, galopando enloquecido hacia el mármol y la memoria, todo ese largo verso whitmaniano siempre me causó una especie de fascinación. Porque yo, criado sin familia inmediata cercana, con poca conciencia de ancestros más allá de mis abuelos maternos, ni siquiera conociendo a los paternos, y en una ciudad cuya historia se remontaba a gente que todavía caminaba por la calle, no se puede decir que tuviera muchas raíces en ningún lado. Las raíces me parecían objetos ajenos y curiosos, magníficos. De ahí me vendría, supongo, esa fascinación por las palabras de un hombre que reconocía a un montón de espíritus corriendo en su propia sangre. Borges, se me hacía que no estaba solo ni aun solo. Estaba lleno de historias que, no sería justo decir que lo anclaban al pasado, pero sí que lo traían desde el pasado y lo impulsaban a su vida. Borges mismo era un cronotransportador poblado de crono-transportadores.

La Buenos Aires de ese viejo finalmente ciego, la misma que ahora habito y que camino, la que me tiene en su asfalto y sus veredas, dentro de sus cementos, entre sus neones y sus ruidos solitarios, en sus humedades bochornosas, es también un cronotransportador gigantesco lleno de otros cronotransportadores. Los viejos empedrados, ciertos frentes que todavía nos hablan de conventillos, o de casas con patios y aljibes y vides, o de la magnífica riqueza de antaño, o de la ya momificada ansia por querer ser parisinos. Todo eso me lleva a las épocas en las que aquí podía verse el horizonte, y el sol cuando salía y se ponía. Y puedo ver todo lo de antes y después de cualquier momento. Allí estuvieron Perón y Eva hablando a la masa, y ahí cayeron las bombas del 55, en esas salas estuvieron reunidos en 1810, esas paredes de allí guardan gritos y uñas desesperadas, ahí comía Gardel y aquí cantó Caruso, allá va la luna rodando por Callao mientras un loco la sigue a versos. En los pisos lustrados actuales del Abasto todavía resuenan los ecos de los cajones de verduras bajadas al áspero suelo por los inmigrantes, se huele la transpiración y las frutas, se ve la luz blanda y exquisita que se colaba por sus gigantescos ventanales. En La Boca se ven los porteadores y las decenas de barcos de decenas de banderas reflejándose en las aguas bostezantes de la primera luz del día mientras se va el bajel sueco cuya bandera hoy puebla el pecho de medio pueblo. En los arrabales del sur aún retumban el honor, el tajo, la venganza,
y acaso alguna esquina
(por Flores, y ya olvidada
bajo pintura amarilla)
sea la esquina rosada.

19 comentarios:

Almafuerte dijo...

¿Cómo le digo cuánto me gustó este post?

A veces uno se encuentra con estos objetos o lugares que hacen inevitable pensar en los fantasmas, sin importar que sean ancestros nuestros, al contrario.
¿Dónde están sus voces, sus vidas? Tenemos sus obras delante nuestro, pero nuestra cultura ignora persistentemente a estos fantasmas predecesores. No se si es falta de sensibilidad, ingratitud o ignorancia voluntaria.

Tengo un cronotransportador que encontré por casualidad en un depósito: el libro original de fotografías de Buenos Aires de Horacio Cóppola. Hace poco fue reeditado pero tiene muchas menos fotos, las imágenes son de 1936 y el libro creo que es del 50, y está anillado como una guia Filcar.
Cada foto da para horas de contemplación de detalles, objetos, costumbres y personas idas.

Me quedé pensando que a ud. le gustaría el Museo Rocsen, si es que no lo conoce. Desde el cráneo de un guerrero galo hasta colecciones de cajitas de fósforos.

Raquel Reznik dijo...

Bueno, puede ser que estemos en las antípodas, pero fuiste muy considerado en tus comentarios en el blog de Alejandro, y quería agradecértelo.
No es común eso en la red.
Voy a seguir tu Blog.
Saludos!

MARTÍN RINCÓN HOEFKEN dijo...

Fantástico... Me gustó.

Raquel Reznik dijo...

¡¡Two English Poems!!
...
What can I hold you with?
I offer you lean streets, desperate sunsets, the moon of ragged suburbs...
I offer you the bitterness of a man who has looked long and long at the lonely moon...

José Luis dijo...

Almafuerte, ¿cómo le digo lo que me gustó que no supiera cómo decirme lo que le gustó el post? Curiosamente no creo ni en dioses ni en fantasmas ni en espíritus, pero no sé por qué las cosas antiguas me generan una especie de presencia antigua. Entro a un anticuario, veo una porcelana o una mesita y pienso en dónde habrán estado, quién los habrá admirado, llorado a su lado, tomado café en alguna tarde ociosa... Fantástico lo de las fotografías. Soy aficionado a la fotografía. Voy a googlear Horacio Coppola a ver si sale algo. Gracias por el dato ese, y el del museo Rocsen también: lo agendé para visitar.

Raquel, de lo que te leí y leo, tenemos más concordancias que antipodeces. Yo también aprecio que no seas de quienes en sus comentarios acusan a los abortistas de "asesinos" (aunque lo pienses), evitando toda disquisición posterior. Y sí: Two English Poems. No sabés lo que me gusta y lo que quiero a esa poesía que me llegó hace tiempo y en una etapa muy particular. Lo quiero desde el subtítulo (A Beatriz Bibiloni Webster de Bullrich: Esa mujer tenía el apellido lleno de soldados, espadas y, seguramente, hacienda... hace poco la googleé y me reí del comentario de Borges sobre ella, "Es invulnerable a la realidad").

Martín: Muchas gracias.

Raquel Reznik dijo...

Bueno, dos cosas:
La primera es que existe una diferencia tal vez sutil pero no por eso menor.
Si yo me refiero a un aborto es particular, un hecho concreto, no dudo en calificar como asesinos a quienes participan en eso.
Pero si estoy en un foro o en un debate, no pienso lo mismo de quienes justifican o proponen al aborto como una 'solución', porque se trata de una discusión civilizada entre personas que piensan diferente.
No sé si me expresé con claridad.
Yo puedo discutir lo que sea, y me encanta hacerlo, y creo que siempre es bueno intercambiar opiniones, e incluso disentir.

La segunda, es recordar que la verdadera mujer a quien Borges le dedicó esos poemas era 'I.J.', y absolutamente nadie sabe quién era ella, conocíendose solamente las iniciales de su nombre.

Saludos!
Yo

Todos Gronchos dijo...

Muy inspirador este post!

Naciste en Comodoro?

Viví dos años allí cuando era un purretín, siempre estoy por volver.

José Luis dijo...

Raquel:
Sí, queda muy claro lo que decís. Igual no es muy común encontrar a una persona que discuta esos temas sin salir lanza en ristre con ganas de ensartar al otro. Y digo eso para los dos "lados" del debate, abortistas y antiabortistas.

Qué buen dato lo de Borges, no sabía. Se lo habrá dedicado a la Beatriz Bibiloni Websblablabla solamente como una galantería entonces. Sabés que siempre me quedó repicando ese "I offer you the memory of a yellow rose seen at sunset, years before you were born", como si la mujer a la que se lo dedica fuera MUCHO menor que él. Por ahí sea que Lolita ha sido uno de mis libros preferidos, pero me ha encantado jugar con la idea de un Borges à la Humbert Humbert.

Groncho:
Gracias. Sí, nacido y criado. El primer post del blog relata el tema. Cuarenta años en Comodoro. Me vine a BUE hace 2. ¿Así que viviste allá? ¿Hace mucho? Puta, somos (éramos) un puñado, por ahí tenemos algún conocido común. Ahora con el tema petrolero está inflada la ciudad. Una población de 130.000 que se hinchó hasta como el doble. Con sus pros y sus contras. Quedó todo superado: el tránsito, la atención médica, los restaurantes, todo. Si volvés no la reconocés. Si en el blog picás en unas fotos chiquitas que van pasando, vas a entrar a un sitio que tiene algunas fotos mías de Comodoro, pero no de la ciudad en sí sino más bien de algunos de sus paisajes. Un saludo.

Onirica dijo...

sEÑOR jOSE lUIS? Como le va? queria contarle que postie en mi blog las teorias de las lapiceras Bic.

besos!

José Luis dijo...

Onírica, sigo sosteniendo mi teoría. La desaparición sistemática de las BIC no puede ser un complot, no con TODAS las biromes (porque TODAS se pierden). Sería demasiado monstruoso. Claramente, por algún motivo (posiblemente alguna cuestión geométrica), desaparecen en un universo paralelo.

JL

Daniel Rico dijo...

Muy bueno, me gusto el tono sobre todo.

saludos.

Campanita de BarZaires dijo...

¡hola José Luis!
Vengo a conocerte desde el blog de Susana esa maravillosa mujer, que me fascina con cada post que leo...tu tampoco te quedas atrás, al leer la historia de Gerda y Andre, en su respuesta a mi comentario, hablaba de ti, asi que aqui me vine, tu post me ha encantado, yo también me pregunto muchas veces las vueltas que los objetos hayan podido dar, las vidas, historias, incluso hasta todas las cosas tienen su corazoncito (no estoy loquita), es que soy de las que le cuesta mucho tirar cosas.

Me encanta la fotografía y me ha dicho Susana que eres un fotógrafo genial, y si ella lo dice no hay lugar a dudas de que esto es asi, me he entretenido un poco en ver las que tienes, me encantan las fotos en blanco y negro tienen mucha más alma que las de color, más matices y dejan volar mucho más la imaginación.

Me voy pero volveré, ahora ya se el camino.

Un abrazo.

Campanita de BarZaires dijo...

Quería ponerme como seguidora de tu blog, pero no me deja por culpa de las redes, asi que ya lo volveré a intentar.
otro abrazo.

RECOMENZAR dijo...

Lindo texto lleno de vos que sos poeta con tus letras.besos van

José Luis dijo...

Daniel Rico, muchas gracias. Lo del tono... no sé, siempre pienso que escribo parecido.

Campanita de BarZaires, me alegro de que te haya gustado esta última entrada. Soy bastante lerdo para postear, pero trato de no olvidarme de que tengo un blog. Por lo de "fotográfo genial" diría que nuestra amiga Susana ejerce la gentileza en demasía conmigo. Pero igual, tengo más fotos: si entrás en el blog y ves las fotitos esas que van pasando, haciendo clic en ese lugar te lleva a mi sitio de fotografías. Hay varias más de las que se ven ahí. Blanco y negro: sí, todavía no aprendí a mirar en color, fotográficamente hablando; lo que miro, lo miro en b&n.

RECOMENZAR, muchas gracias. I'm not worthy. En estos días voy a ir a hacerte una visita a tu blog.

miralunas dijo...

Es que soy curiosa como una gata y resulta que me llamó la atenciòn esas disquisiciones de ese señor formal con la vagabunda, no? y me vine a tu blog. y hace una hora que leo, releo, me emociono, moqueo, sonrìo, se me ablanda el alma, me late de 2 en 3 el corazòn.
tal vez es que nací en Gualeguay y me terminè de criar en Santa Fe, tal vez que vivo en Buenos Aires y siempre digo: a mi me pasa con ella mas que a Borges: nos une el amor y el espanto.
tal vez que sea este mundo donde una se encuentra con quien no se huera encontrado nunca, de otro modo...
gracias por este rato de rara intensidad sanguìnea...
saludos, Josè Luis.

Lena dijo...

Vengo rebotando de otro blog y me encuentro esta sorpresa.

Buenas letras...buenísimas.

Ojalá retomes el blog...no digo la escritura porque supongo que quien escribe como tú, no abandona el ejercicio diario.

Supongo, decía, que estarás escribiendo en privado.

Espero volverte a leer en público...lo que he vista acá me ha sorprendido gratamente.

Un abrazo desde Madrid!

Lena

José Luis dijo...

Miralunas, es una emoción (rara, como ajena, ya lo he dicho por ahí) leer -yo- tu emoción al leer -vos- lo que he escrito. Muchísimas gracias a vos por haber dejado este comentario intenso. Viste que BUE es, efectivamente, amor Y espanto para los que venimos de lejos. Te dejo un saludo.

Lena, ¡desde Madriz! Pero si el mundo es un pañuelo. Sabés que por un lado se me da pensar que es extraño que unos escritos tan, no sé, ¿locales? como los que puse acá puedan ser apreciados por gente de lados tan lejanos. Pero también me acuerdo de una frase que le decía Lisette Model a su pupila Diane Arbus (esta última, fotógrafa genial). Era algo así como "cuanto más específica sos, más general te ponés". Efectivamente, hablar muy particularmente de UNA ciudad puede ser lo más parecido a hablar de cualquiera.

JL

Onirica dijo...

le deje un mail en su casilla de gmail.